Wednesday, August 15, 2007

El mito de la obsidiana, piedra sagrada

"Volcan Mexicano, El Nevado de Toluca, Edo. Mex."

Por Ana Silvia Serrano

Con el inicio de los primeros pobladores de la Tierra, hace mas de 33,000 años, aparece la obsidiana como una piedra que ayuda al hombre para la sobre vivencia, el desarrollo de las culturas y como guía espiritual de los pueblos.
Somos afortunados que es en nuestro país: México, que esta piedra cobra la máxima importancia de su existencia en este planeta, ya que es a partir de las primeras culturas indígenas que ella ya aparece como instrumento de apoyo para la cacería y captura de animales para la alimentación, la fabricación de instrumentos de defensa de los pueblos en las luchas y guerras, como instrumento estético para cortar el cabello, las telas, para la preparación de los alimentos, como instrumento de ornato y decoración, para la curación y las cirugías que se practicaban en el cuerpo humano y también como instrumento ritual de poder.
Tanto la cultura teotihuacana, como la mexica y la maya, se estructuraron en función a la existencia de la obsidiana, ya que estas demandaban enorme volúmenes que requerían las sociedades, que entre mas desarrolladas mayor extracción, distribución, redistribución y utilización implicaron para esta magna piedra, que permitió su desarrollo a partir de actividades organizativas mayores, conocimientos especializados y una serie de concepciones mágico-religiosas.
El sistema del proceso tributario que se estableció desde el norte de México: Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, hasta Guatemala, El Salvador y Honduras fue de mayor implicación en la fabricación de artículos de obsidiana como sus armas, constituidas por la honda, los lanzadores, la espada con hojas de obsidiana, lanzadores de 3 puntas, la lanza corta, la espada ancha, la porra de madera, el arco y la flecha; entre los artículos de trabajo estaban las navajas, los cuchillos, las hachas y los punzones. Entre los artículos de manufacturación fina se encuentran los collares, orejeras, pectorales y adornos corporales. Como artículos rituales manufacturaron punzones, navajillas prismáticas, el cuchillo sagrado de sacrificio, recipientes sagrados, mascaras, excéntricos y espejos.
La obsidiana constituyó la parte medular de la existencia de las culturas mesoamericanas por cientos de años, hasta el surgimiento de la conquista española, y a pesar de que Fray Bernardino de Sahagún en su obra Las Cosas de la Nueva España describe mayormente la forma en la que las culturas prehispánicas vivían, menciona la importante dimensión de la obsidiana en la vida diaria. Mas sin embargo es en el aspecto religioso donde el impregna de miedo la psique de los indígenas al tratar de alejarlos de aquellos dioses “demoníacos” que representaban un aspecto negativo u oculto del ser: La Sombra.
Esta acepción no nos ayudó en la evolución y nos sigue deteniendo el hecho de que aquellos dioses que los indígenas reconocían como dios de la muerte (Xipe Totec, nuestro señor el desollado), o Tezcatlipoca (dios de la oscuridad), o Coatlicue (madre siniestra), constituían la concepción de lo demoníaco.
En su obra referente a los arquetipos, Carl G. Jung habla de la sombra, que son constituidos por símbolos que se proyectan como el diablo, el persecutor, la muerte, la enfermedad, el miedo, lo oscuro, lo desconocido…símbolos que residen en la psique, que sin embargo siguen siendo parte de la existencia del ser y que cada día se reconocen mas como aquellos aspectos negados y rechazados de nosotros mismos y que en la medida que menos los reconozcamos, menos los podremos liberar o integrar.
Hoy, la obsidiana, por su extensa presencia en la historia de la humanidad, su indescrptible profundidad, su negra penetración y su oculta mirada nos acompaña en esta trascendente indagación que surge de nuestro ser: el trabajo del interior.
La obsidiana es una piedra psíquica, ella nos puede mostrar aquellos aspectos ignorados, rechazados, negados y reprimidos por aquellas experiencias negativas y difíciles de admitir y que se guardan en esa profundidad negra de nuestro ser. Ella nos ayuda a penetrar en ese oscuro existir, donde con su negrura, nos enseña a ver la luz, donde con su profundidad nos permite llegar a dimensiones nunca alcanzadas desde nuestro ser, donde su capacidad de penetración llega a transformar aquellos contenidos rechazados de nuestra psique en sabiduría; “porque para poder subir, primero hay que bajar”.
Para lograr la completitud del ser, primero debemos reconocer nuestras partes rechazadas, ya que como Jung citara: “Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino atendiendo a las partes difíciles, rechazadas, negadas que residen en nuestro interior”. Esas partes que lejos de abrazar la sombra, alejan los demonios de nuestro interior, rechazan la muerte de nuestra existencia y niegan la enfermedad, que bien puede ser nuestra guía desde el interior hacia el crecimiento. Esos demonios… residen en nuestro ser, donde aquellas culturas antiguas nuestras veneraban por ser también parte de nuestra divinidad, y las representaban a través de las figuras de las deidades mencionadas anteriormente.
La obsidiana juega un papel de trascendencia sin igual ya que es el camino a nuestra verdad. Es la energía que nos habilita de una forma segura, resguardada a través del rayo azul de protección del Arcángel Miguel y que se hace conciente para ver todas las partes rechazadas, o incluso talentos ocultos que residen en nuestro inconsciente y que para avanzar en nuestra vida han de emerger.
Abramos la totalidad de nuestro ser a una visión interior conciente, con la ayuda de la obsidiana, para liberar todos esos miedos, temores, horrores y demonios que habitan en ese interior desconocido nuestro, donde con la guía de esta piedra sagrada podemos lograr encontrar nuestro camino de la verdad.



2 comments:

Anonymous said...

pues aver si ya ponen lo que uno les pide no lo que quieran

Fernando Sebastian said...

muy buena informacion